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Animales

La mujer que sigue a los elefantes de Borneo para evitar que desaparezcan

21 de septiembre de 2026 · Redacción Cronista Nacional

En la selva de Borneo, en el estado malasio de Sabah, el sonido de los elefantes puede convertirse en una señal de alerta. Sus desplazamientos atraviesan bosques cada vez más fragmentados, plantaciones de palma aceitera y zonas habitadas, una situación que ha incrementado los encuentros con las comunidades locales.

En medio de este escenario trabaja Farina Othman, científica y directora de la organización conservacionista Seratu Aatai, dedicada a proteger a los elefantes de Borneo y a buscar formas de reducir los conflictos entre estos animales y las personas.

Uno de los métodos que utiliza su equipo consiste en colocar collares transmisores a algunos ejemplares. El dispositivo permite conocer sus desplazamientos y advertir con anticipación a las comunidades cuando un elefante se aproxima a una aldea.

La estrategia es especialmente importante para una población que se estima en alrededor de mil elefantes de Borneo en estado silvestre. La especie fue clasificada como en peligro de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en 2024.

Durante una de estas operaciones, Farina y su equipo localizaron a una hembra conocida como Pigtail, cuyo nombre hace referencia a su “cola de cerdo”. Después de aplicar un dardo anestésico, los especialistas aprovecharon el breve periodo de sedación para tomar muestras biológicas y colocarle el collar.

El procedimiento debe realizarse con rapidez. El efecto del anestésico comienza a disminuir mientras el resto de la manada puede aproximarse y las condiciones meteorológicas también pueden complicar la operación. Una vez instalado el dispositivo, el equipo se retira para permitir que el animal recupere la movilidad junto a su grupo.

Más de la mitad del hábitat se perdió

El problema que enfrentan estos elefantes está relacionado directamente con la transformación de su territorio. Desde la década de 1970, los elefantes de Borneo han perdido más de 60% de su hábitat en Sabah, de acuerdo con la UICN, debido principalmente a la explotación forestal y a la expansión del cultivo de palma aceitera.

La fragmentación del bosque obliga a los animales a desplazarse entre espacios que antes formaban parte de un territorio continuo. En la región de Kinabatangan, donde viven unos 160 elefantes en un área de aproximadamente 400 kilómetros cuadrados, solo la mitad de esa superficie permanece destinada actualmente a los animales, explica Farina.

El resultado es una convivencia cada vez más complicada.

Cuando una manada sale del bosque y entra en una plantación o se acerca a una comunidad, puede alimentarse de plantas cultivadas, incluidos los ejemplares jóvenes de palma aceitera. Los cercos eléctricos tampoco siempre consiguen impedir sus desplazamientos, especialmente en el caso de algunos machos.

Para los habitantes, estos encuentros pueden representar pérdidas económicas y riesgos de seguridad. Para los elefantes, acercarse a las zonas agrícolas significa exponerse a represalias y otros peligros.

Farina describe esta situación como un conflicto difícil de evitar cuando los animales pierden los espacios por los que históricamente se desplazaban.

La estrategia es anticiparse al encuentro

En Sukau, una comunidad ubicada a orillas del río Kinabatangan, el equipo de conservación trabaja también con los habitantes para reducir los encuentros problemáticos.

Las acciones incluyen programas de concientización en escuelas de las plantaciones, distribución de información y la creación de “guardianes comunitarios de la fauna”, personas capacitadas para ayudar a alejar a los elefantes cuando se aproximan a las viviendas.

El objetivo es que las comunidades sepan cómo actuar antes de que un encuentro se convierta en un conflicto.

Firah Kazenn, una joven propietaria de un hospedaje local, explica que anteriormente los habitantes no sabían cómo convivir con los animales y que muchos elefantes murieron durante los conflictos. Ahora, señala, existe una mayor participación de la comunidad en su protección.

Los collares transmisores forman parte de esta estrategia. Al conocer la ubicación de determinados ejemplares, los conservacionistas pueden identificar sus rutas y emitir avisos cuando se acercan a zonas pobladas.

La información también permite comprender mejor cómo utilizan el territorio y cuáles son los caminos que todavía conectan los fragmentos de bosque.

Crear corredores entre bosques y plantaciones

Para Farina, una de las principales soluciones está en establecer corredores de fauna, es decir, espacios que permitan a los elefantes desplazarse entre fragmentos de su hábitat sin tener que atravesar constantemente zonas habitadas.

Estos corredores son especialmente importantes en un paisaje donde los bosques naturales conviven con extensas plantaciones de palma aceitera.

La científica busca convencer a siete plantaciones de que la presencia de los elefantes no debe considerarse únicamente un problema para la actividad agrícola, sino una realidad ecológica que requiere planificación.

El desafío es considerable porque las empresas también enfrentan restricciones económicas. Muhamad Al Shafieq bin Mustafa, antiguo director de una plantación en Sukau y actualmente especialista en la industria de la palma aceitera, señala que las compañías que colaboran con proyectos de conservación no siempre reciben reconocimiento o respaldo financiero suficiente por parte de los compradores internacionales.

Desde el sector de conservación vinculado con la industria se sostiene que las plantaciones han avanzado en la adopción de prácticas relacionadas con la producción sostenible, aunque persisten dificultades económicas para compatibilizar las necesidades productivas con la protección de la fauna.

Daniel Pamin, responsable de conservación y desarrollo sostenible de la Malaysian Palm Oil Green Conservation Foundation, plantea que la convivencia debe generar beneficios tanto para los productores como para la fauna silvestre.

Cambiar la manera de convivir con los elefantes

La labor de Farina le ha valido el sobrenombre de “la mujer que susurra al oído de los elefantes de Borneo” y también fue reconocida con el premio Whitley, uno de los galardones británicos dedicados a la conservación de la naturaleza.

Sin embargo, su trabajo no se limita al seguimiento de animales o a la colocación de dispositivos. Una parte fundamental consiste en modificar la relación cotidiana entre las comunidades y los elefantes.

Durante años, explica Farina, los habitantes utilizaban la palabra malaya “halau”, que significa “ahuyentar”, para referirse a lo que debían hacer cuando un elefante se acercaba.

Ahora la meta es cambiar esa respuesta por otra idea: “acompañar al elefante hasta la salida”.

La diferencia puede parecer solamente lingüística, pero refleja un cambio más profundo en la forma de abordar el conflicto. En lugar de considerar al animal como un intruso que debe ser expulsado, los conservacionistas buscan que las comunidades aprendan a identificar sus movimientos, mantener una distancia segura y ayudarlo a regresar a las zonas de bosque.

En Borneo, donde los elefantes han perdido una parte considerable de su territorio y sobreviven en poblaciones fragmentadas, la conservación depende cada vez más de que esos espacios puedan conectarse y de que las personas que viven junto a ellos formen parte de la solución.

Los collares permiten saber por dónde caminan. Los corredores pueden ofrecerles rutas seguras. Y el trabajo con las comunidades busca que cada encuentro entre humanos y elefantes deje de convertirse en una amenaza para cualquiera de las dos partes.