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Ayahuasca y Parkinson: el compuesto psicodélico que podría frenar la enfermedad sin causar alucinaciones

19 de mayo de 2026 · Redacción Cronista Nacional

Un componente presente en la ayahuasca, la bebida tradicional amazónica conocida por sus efectos psicodélicos, podría convertirse en una prometedora herramienta terapéutica contra el párkinson. Un estudio liderado por la Universidad Complutense de Madrid reveló que la N,N-dimetiltriptamina, mejor conocida como DMT, logró proteger neuronas, disminuir la inflamación cerebral y mejorar síntomas motores en modelos experimentales de la enfermedad, todo ello sin depender de los efectos alucinógenos asociados a esta sustancia.

La investigación, publicada en la revista científica Experimental Neurology, representa un avance importante en la búsqueda de tratamientos capaces no solo de aliviar los síntomas del párkinson, sino también de modificar el curso de la enfermedad.

El párkinson es un trastorno neurodegenerativo progresivo que afecta principalmente el movimiento. Se produce por la pérdida de neuronas dopaminérgicas, células encargadas de producir dopamina, un neurotransmisor esencial para coordinar los movimientos del cuerpo. Aunque existen medicamentos que ayudan a controlar temblores, rigidez y lentitud motora, actualmente no hay terapias capaces de detener o revertir el daño neuronal.

En este contexto, los investigadores centraron su atención en la DMT, una molécula presente de forma natural en distintas plantas utilizadas para preparar ayahuasca. Tradicionalmente, esta bebida ha sido asociada a experiencias visionarias y estados alterados de conciencia debido a su acción sobre ciertos receptores cerebrales relacionados con la serotonina.

Sin embargo, el nuevo estudio descubrió que los efectos beneficiosos de la DMT en el párkinson no dependen del receptor responsable de las alucinaciones, conocido como 5-HT2A. En cambio, la acción terapéutica ocurre a través del receptor sigma-1, una proteína que regula procesos fundamentales como la inflamación, la supervivencia celular y la neuroprotección.

Este hallazgo es clave porque abre la posibilidad de desarrollar medicamentos derivados de la DMT que mantengan sus propiedades protectoras sobre el cerebro sin provocar efectos psicodélicos.

“El resultado abre una puerta muy importante: si los efectos terapéuticos no dependen de los efectos alucinógenos, podría desarrollarse un fármaco basado en esta molécula que sea clínicamente viable”, explicó José Ángel Morales García, investigador del Departamento de Biología Celular e Histología de la UCM y uno de los responsables del estudio.

Los científicos consideran que la DMT podría actuar como un “agente modificador” del párkinson. Esto significa que no solo ayudaría a reducir síntomas, sino que también tendría potencial para ralentizar o incluso detener la progresión de la enfermedad al atacar dos de sus principales mecanismos: la muerte de neuronas y la inflamación crónica del cerebro.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo utilizó distintos niveles de experimentación. Primero, en laboratorio, provocaron daño en células humanas mediante una neurotoxina para reproducir el deterioro neuronal característico del párkinson. Después, recrearon procesos inflamatorios “in vitro” en células gliales de ratón, las cuales participan en la respuesta inmune del cerebro.

Finalmente, probaron la DMT en animales con párkinson y observaron que el tratamiento protegía las neuronas dopaminérgicas, reducía la inflamación cerebral y mejoraba los problemas motores asociados a la enfermedad.

Aunque los resultados son prometedores, los investigadores subrayan que todavía falta un largo camino antes de pensar en un tratamiento disponible para pacientes. El siguiente paso será validar estos efectos en modelos más complejos y crónicos de párkinson, incluyendo aquellos que permitan estudiar síntomas no motores, como alteraciones cognitivas, trastornos del sueño o depresión, aspectos que también afectan gravemente la calidad de vida de quienes padecen esta enfermedad.

Además, el equipo trabajará en confirmar el papel exacto del receptor sigma-1 y en desarrollar estrategias para bloquear la acción del receptor 5-HT2A, con el objetivo de minimizar completamente cualquier efecto alucinógeno.

Si futuras investigaciones logran confirmar estos hallazgos, la DMT podría convertirse en la base de una nueva generación de terapias neuroprotectoras capaces de cambiar el panorama actual del tratamiento del párkinson, una enfermedad que continúa creciendo en todo el mundo y para la cual aún no existe una cura definitiva.