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¿Tu perro es zurdo o diestro? La ciencia descubrió que también tienen una pata favorita

10 de junio de 2026 · Redacción Cronista Nacional

Cuando un perro extiende una pata para alcanzar un juguete o da el primer paso al bajar unas escaleras, podría estar revelando mucho más que un simple movimiento cotidiano. Al igual que ocurre con las personas, los perros pueden mostrar preferencia por un lado de su cuerpo, siendo diestros, zurdos o incluso ambidiestros. Sin embargo, hasta ahora no existía una manera precisa y estandarizada de medir esa inclinación.

Un grupo de investigadores italianos desarrolló el primer inventario diseñado específicamente para evaluar la lateralidad en perros domésticos. El estudio, publicado en la revista científica Royal Society Open Science, propone una nueva forma de clasificar la preferencia de pata de los canes y abre la puerta a futuras aplicaciones relacionadas con el bienestar animal, el entrenamiento y la comprensión de la conducta canina.

La investigación fue realizada por Sevim Isparta, Serenella d’Ingeo, Valeria Straziota, Marica Nolè, Angelo Quaranta y Marcello Siniscalchi, integrantes de la Unidad de Investigación en Fisiología y Comportamiento Animal de la Universidad de Bari Aldo Moro, en Italia.

La lateralidad es un fenómeno biológico que ocurre cuando uno de los hemisferios cerebrales domina determinadas funciones. En los seres humanos, este proceso suele manifestarse en la preferencia por utilizar la mano derecha o la izquierda. En los perros, esa dominancia se refleja en la pata que utilizan con mayor frecuencia para realizar ciertas tareas.

Aunque investigaciones previas habían encontrado asociaciones entre la lateralidad y aspectos tan diversos como la respuesta inmunológica, la agresividad o ciertos rasgos cognitivos relacionados con el optimismo y el pesimismo, los resultados eran inconsistentes. El problema radicaba en que la mayoría de los estudios se basaban en una única prueba para determinar si un perro era diestro o zurdo, sin considerar que la preferencia podía variar dependiendo de la actividad realizada.

Además, las herramientas disponibles clasificaban a los animales únicamente en tres categorías: diestros, zurdos o ambidiestros. Este esquema simplificado dejaba fuera un aspecto importante: la intensidad de esa preferencia. De este modo, muchos perros con una inclinación real, aunque moderada, terminaban siendo catalogados como ambidiestros.

Con el objetivo de superar estas limitaciones, los investigadores tomaron como referencia el Inventario de Dominancia Manual de Edimburgo, una herramienta utilizada desde 1971 para evaluar la preferencia manual en humanos. A partir de este modelo diseñaron el llamado «Doginburgh Inventory», un nuevo sistema capaz de ofrecer una visión más completa de la lateralidad canina.

Para poner a prueba el método, los científicos evaluaron a 43 perros de distintas razas y edades comprendidas entre uno y diez años. Todos los animales eran sexualmente intactos, es decir, no estaban esterilizados. En el caso de las hembras, las pruebas se realizaron durante una fase específica de su ciclo reproductivo para minimizar la influencia hormonal sobre los resultados.

Cada perro participó en cuatro pruebas distintas. Una de ellas fue el conocido test de Kong, que consiste en ofrecer al animal un juguete de goma relleno de comida y registrar con qué pata lo sostiene mientras intenta obtener el alimento. Otra evaluación consistió en colocar comida debajo de un mueble para observar qué extremidad utilizaba primero al tratar de alcanzarla.

Los investigadores también emplearon una prueba de escaleras, en la que el perro debía descender varios escalones tras ser llamado, registrando cuál era la primera pata utilizada. Finalmente, durante una caminata, se utilizó una plataforma especial para identificar la extremidad que iniciaba el movimiento.

A partir de la información recopilada, los autores calcularon un índice compuesto denominado cociente de lateralidad y desarrollaron una nueva medida conocida como índice de preferencia de prueba. Este último ajustaba el resultado final según el número de actividades en las que el perro mostraba una preferencia consistente.

Gracias a este enfoque más detallado, el Doginburgh Inventory permitió establecer cinco categorías de lateralidad: zurdo fuerte, zurdo débil, ambidiestro, diestro débil y diestro fuerte.

Los resultados revelaron que el 32,56 % de los perros presentaba una lateralidad marcada, mientras que el 46,51 % mostraba una preferencia moderada. Solo el 20,93 % fue clasificado como verdaderamente ambidiestro.

A nivel poblacional, ninguna de las pruebas evidenció una tendencia general hacia el uso predominante de la pata derecha o izquierda. Sin embargo, al analizar los resultados individuales, los investigadores detectaron patrones claros de lateralidad en tres de las cuatro evaluaciones realizadas.

También surgieron diferencias relacionadas con el sexo de los animales. Los machos mostraron una preferencia significativa por la pata izquierda durante la prueba del Kong, mientras que las hembras no exhibieron una inclinación colectiva definida.

Otro hallazgo relevante fue que las cuatro pruebas no se correlacionaban entre sí. Según los autores, esto respalda la idea de que la lateralidad en perros es un fenómeno complejo y multidimensional, influido por el contexto y la naturaleza específica de cada tarea.

A pesar del entusiasmo generado por los resultados, los propios investigadores reconocieron algunas limitaciones. El reducido tamaño de la muestra impide generalizar las conclusiones a toda la población canina. Por ello, describieron el Doginburgh Inventory como una prueba de concepto y un primer paso hacia el desarrollo de herramientas más robustas.

El estudio también dejó abiertas nuevas líneas de investigación. Una de ellas consiste en analizar si existe alguna relación entre la lateralidad del dueño y la preferencia de pata del perro, una posibilidad sugerida por trabajos recientes. Asimismo, los científicos consideran importante explorar la influencia de factores como la raza, la edad y la experiencia de vida del animal.

Más allá de la curiosidad que pueda despertar descubrir si una mascota es diestra o zurda, comprender la lateralidad canina podría tener aplicaciones prácticas. Los investigadores plantean que este inventario podría utilizarse en refugios como un indicador complementario del bienestar de los animales o incorporarse en programas de selección y entrenamiento de perros de trabajo.

En definitiva, este nuevo método no solo ayuda a responder una pregunta que durante años intrigó a científicos y amantes de los animales, sino que también ofrece una nueva ventana para comprender mejor cómo piensan, sienten y se relacionan los perros con el mundo que los rodea. La próxima vez que tu mascota te dé la pata, quizás esté revelando una característica tan única como la de cualquier ser humano.